Equipos de rescate buscan entre los escombros de una escuela alcanzada en Ucrania

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Las bombas aéreas rusas alcanzan un centro de ayuda en Ucrania y matan al menos a 26 personas

The Curtain Editorial · 2026-11-03 · 4 min de lectura

Las bombas aéreas rusas alcanzaron el lunes una escuela en el sureste de Ucrania que se utilizaba para distribuir ayuda humanitaria, matando al menos a 26 personas, según el presidente ucraniano Volodímir Zelenski y los servicios de emergencia del país. El ataque alcanzó el pueblo de Komyshuvakha, en la región de Zaporiyia, a unos 35 kilómetros al este de la ciudad de Zaporiyia y a una docena de kilómetros de la línea del frente, donde los residentes se habían reunido para la distribución semanal de los lunes de alimentos y otros suministros de ayuda. Cinco personas resultaron heridas y fueron hospitalizadas, entre ellas dos trabajadores de rescate. Mientras los equipos de rescate seguían buscando entre los escombros el lunes por la noche y decenas se reportaron inicialmente como desaparecidas, los funcionarios advirtieron de que el número de víctimas podría seguir aumentando. Rusia no se había pronunciado públicamente sobre el ataque en la cobertura disponible el lunes.

La secuencia descrita por los funcionarios ucranianos fue un ataque en dos oleadas. El Sr. Zelenski dijo en su mensaje de vídeo nocturno que las fuerzas rusas lanzaron primero bombas aéreas sobre la escuela, que se utilizaba como refugio y para distribuir ayuda humanitaria, justo cuando la gente llegaba. «Luego hubo un segundo ataque — más bombas aéreas, esta vez sobre el refugio. Un ataque terrorista abominable», dijo. Según informes que citan a funcionarios ucranianos, se utilizaron al menos nueve bombas aéreas de 3.000 kilogramos, con más de diez bombas planeadoras en total. No había clases en la escuela, dijo el Sr. Zelenski, porque el pueblo está demasiado cerca de la línea del frente; en cambio, el edificio y el refugio que contenía servían para el trabajo humanitario del que dependían cada semana los residentes que se habían quedado en Komyshuvakha. «Los rusos no podían dejar de ver que los lugareños que se habían quedado en Komyshuvakha recibían ayuda humanitaria cada semana en ese mismo lugar», dijo, y calificó el ataque de «otra prueba de que Rusia no quiere una desescalada».

Entre los muertos había dos miembros de un equipo de rescate y cuatro policías, dijo el Servicio Estatal de Emergencias, que identificó a los dos rescatistas, ambos de 44 años, como Denys Konovalenko y Oleksy Sushchevsky. La mayoría de los muertos eran civiles que habían venido por la ayuda o rescatistas que llegaron tras el primer ataque. Al caer la noche, los rescatistas buscaban con linternas entre los edificios derrumbados, según fotos y vídeos publicados por funcionarios locales, mientras Regina Kharchenko, secretaria del consejo municipal de Zaporiyia, dijo que 27 personas habían sido reportadas como desaparecidas. Los trabajos de rescate del lunes por la noche se vieron obstaculizados por nuevos ataques con drones rusos en la zona bombardeada, según Mykhailo Semikin, un funcionario militar de Zaporiyia. El número confirmado de víctimas cambió a lo largo del día — de 18 en la primera declaración del Sr. Zelenski a 24 confirmados por los servicios de emergencia y luego a 26 en su discurso nocturno — un recordatorio de que las cifras seguían siendo provisionales mientras continuaban las labores de recuperación.

El ataque se produjo un día después de que expirara un alto el fuego local de seis días en la vecina región de Jersón. Esa pausa, la más larga de la guerra, había permitido entregas de ayuda y evacuaciones en torno a la ciudad ocupada por Rusia de Oleshky, y los funcionarios ucranianos habían esperado que pudiera conducir a más pasos humanitarios. El Sr. Zelenski dijo que Moscú había optado por matar en su lugar. «Si Rusia hubiera querido realmente una desescalada, tras la situación en Oleshky había una oportunidad de continuar los pasos humanitarios. Lo propusimos. Pero Rusia sigue matando gente», dijo. El ataque también siguió a un fin de semana de ciberataques recíprocos contra los sistemas de alerta de emergencia de los que dependen los civiles de ambos países: a última hora del domingo, los usuarios de la aplicación ucraniana Air Alert recibieron falsas alertas de peligros radiológicos, químicos y nucleares que Kiev atribuyó a actores rusos, mientras que el Sr. Zelenski dijo el lunes al medio estadounidense PBS que Ucrania había hackeado el sistema de alerta aérea de Rusia en represalia. Ninguna de las falsas alertas describía una amenaza real, pero ambos episodios mostraron cómo la guerra se libra hoy tanto a través de los canales que advierten a los civiles como mediante bombas.

Lo que ocurra a continuación se decidirá por una diplomacia que hasta ahora no ha logrado un avance. El enviado especial de EE. UU., Steve Witkoff, dijo el lunes que las conversaciones lideradas por Estados Unidos entre Rusia y Ucrania continuarían los días 10 y 11 de noviembre en Abu Dabi, y según los informes sobre el anuncio, la delegación estadounidense también incluiría a Jared Kushner. El presidente Donald Trump ha presionado por un acuerdo en la guerra, que ya entra en su quinto año, pero no ha habido un avance, y Kiev y sus aliados europeos temen que Washington se haya inclinado cada vez más hacia Moscú. El ataque a Komyshuvakha no fue el único ataque reportado al comienzo de la nueva semana. En la noche del 2 al 3 de noviembre, un ataque ruso con misiles balísticos y bombas contra Járkiv alcanzó un centro médico e hirió al menos a 62 personas, según Oleh Synehubov, jefe de la administración militar regional de Járkiv, en un informe diario de guerra de Suspilne News. Ese informe, como el número de víctimas de Komyshuvakha, proviene de funcionarios ucranianos y no fue verificado de forma independiente en la cobertura revisada, y Rusia no se había pronunciado públicamente sobre ninguno de los dos ataques. Juntos, sin embargo, los dos episodios describen una guerra en la que la infraestructura civil — un día un punto de distribución de ayuda, al siguiente un centro médico — sigue soportando el impacto directo de los combates, incluso mientras los diplomáticos se preparan para reunirse en Abu Dabi. Para las familias de Komyshuvakha y Járkiv, la distinción entre un campo de batalla y un lugar de refugio o tratamiento ha desaparecido en la práctica.

Fuentes

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